viernes, 18 de enero de 2013

Nieve

No puedo acordarme de mi primer recuerdo con nieve. De una manera artificial e inducida sí, porque he visto fotos de ese momento, yo siendo una criatura enana con un gorro azul y rojo sobre un trineo en Pirineos, pero obviamente me es imposible recordar eso vívidamente. No volví a ver la nieve hasta la adolescencia, en mi primer viaje a Granada, cuando subimos a Sierra Nevada. Estaba lleno de expectativas, pero diría que la nieve era tan compacta que era difícil jugar con ella y hacer el tonto. Intentamos aprender a esquiar con penosos resultados, pero eso es otra historia y será contada en otra ocasión. 

Hace algo más de dos años viví brevemente en París, y fue cuando volví a ver la nieve y viví una nevada. Estaba tomando helado con una amiga al lado de Nôtre-Dame y, de repente, empezaron a caer los primeros copos. Fue alucinante, se fue cogiendo, y nosotros con un cucurucho en la mano. Días más tarde, después de comer en Disneyland Paris, el momento se repitió. 


Llegué a París en febrero del año pasado, y salvo alguna helada nocturna, no nevó. He tenido que esperar al año nuevo, pero ha valido la pena. Primero han sido nevadas rápidas, de cierta cantidad pero que funde nada más tocar el suelo, pero esta tarde ha empezado a nevar como tocaba. El invierno está decididamente en París. 

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